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Agosto 30 de 2007

El camino de herradura del acuerdo humanitario

 

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Por: Jota Ochoa / Terra Colombia

Ante los ojos de los colombianos la propuesta de consumar un acuerdo que ponga en libertad a los secuestrados, es una iniciativa que necesita materializarse de manera urgente, pero que se desvanece cuando la obstinación de las partes directamente involucradas -Gobierno y Farc- deciden no flaquear en lo más mínimo.

La gente se ha pronunciado al respecto. Miles de personas salieron a las calles a expresar su repudio contra el secuestro y exigieron la libertad de los rehenes. Es decir, más allá del indeciso debate, para la población la prioridad es liberar los secuestrados.

Mientras, Gobierno y guerrilla, aún no llegan a un punto de encuentro.

¿Desde cuándo?

Las palabras Acuerdo Humanitario son relativamente recientes. Sin embargo, el objetivo ¿llegar a un acuerdo para la liberación de los llamados ¿prisioneros de guerra¿- ya tiene historia.

En la época del Caguán se le llamaba ¿canje¿ y consistía en poner en libertad a soldados, policías y dirigentes políticos que habían sido retenidos por la guerrilla, a cambio de liberar guerrilleros presos. Pero en esa mesa, Manuel Marulanda Vélez y el presidente Pastrana, poco en concreto consiguieron, aunque hubo algunas liberaciones de rehenes.

Pero entre tanto, la lista de canjeables empezó a ampliarse incluyendo a otros políticos, como los doce diputados del Valle, el actual canciller Fernando Araujo ¿quien logró fugarse valerosamente a finales del 2006-, la ex candidata Ingrid Betancourt con su fórmula de campaña Clara Rojas y después los 3 contratistas norteamericanos quienes fueron retenidos luego de que les derribaran la avioneta en la que viajaban.

La idea de ese añorado ¿canje¿ o ¿intercambio humanitario¿ ¿en últimas lo mismo-, pasó de la risa al llanto.

Países amigos

En vista de que el asunto en el plano nacional luce estancado, la comunidad internacional ha procurado intervenir de manera prudente, pero decidida. Se conformó un grupo tres de naciones: Francia, España y Suiza, a los que se les empezó a conocer como el grupo de los países amigos.

Después de evaluar posibilidades, en octubre del 2006, lanzaron una propuesta que consistía en desmilitarizar una zona en el departamento del Valle, cuya seguridad sería garantizada por observadores internacionales. Al comienzo el Gobierno le tomó el ala a esa iniciativa, pero después, con la calamitosa bomba estallada en la Universidad Militar y que se presumió fue accionada por las Farc, el 18 de ese mes, el plan propuesto por los países extranjeros se desdibujó.

Sin embargo, las gestiones de los ¿países amigos¿ no se han detenido. Con la reciente elección en Francia del presidente Nicolás Sarkozy, el caso de los secuestrados, especialmente el de Ingrid Betancourt (también ciudadana francesa), ha tomado vital importancia. Al punto que fue tema en la reunión del ¿Grupo de los ocho¿ en Alemania y propició mensajes del Papa Benedicto XVI por la liberación de los rehenes de Colombia.

Recientemente se reunieron los ministros de Exteriores de Francia, España y Suiza, en la ciudad de París, para hacer balance de lo que se ha hecho y lo que se debe seguir haciendo para resolver la rechazable condición del cautiverio.

Tire y afloje

Tanto Gobierno como guerrilla vienen riñendo en quién sede menos terreno. Desde la posesión del presidente Álvaro Uribe en el 2002 su bandera de campaña ha sido replegar a las Farc, consiguiendo resultados, pues esta guerrilla ha tenido menos posibilidades de dar golpes de envergadura. Pero le ha faltado.

Por su parte, el secretariado de las Farc ha sentenciado que mientras Uribe esté en el poder no va a poner fin al conflicto. Se ha sostenido, por el contrario, en la exigencia de que, para conseguir la liberación de los secuestrados, se debe desmilitarizar los municipios de Florida y Pradera (Valle). Petición denegada reiteradas veces por el Presidente.

Para el analista político Bernardo Congote son dos posiciones irreconciliables: ¿La del Presidente, que asume que llegar a un acuerdo humanitario implicaría reconocerle estatus de beligerancia a la insurgencia. Y la de la guerrilla, que considera que nada tiene nada que ver el acuerdo humanitario con el enfrentamiento entre el Estado y la insurgencia, pues no cesará el enfrentamiento bélico, sino que únicamente representa un canje de rehenes¿, explica Congote.

Ante la presión internacional y en un acto que sorprendió a la opinión pública, el presidente Uribe decidió, de manera unilateral, excarcelar a cerca de 150 guerrilleros a principios de junio. En la liberación incluyó al llamado ¿canciller de las Farc¿, Rodrigo Granda, para que hiciera gestiones de paz. Hoy Granda se encuentra en Cuba, sin el reconocimiento del secretariado de esa guerrilla como ¿verificador de paz¿ y sin ningún adelanto significativo para liberar los secuestrados.

En resumen, la propuesta de un acuerdo humanitario, sigue en un punto muerto.

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