Quién es quién

Alto Riesgo

El proceso electoral en Magdalena está plagado de amenazas de fraude, pero su gente quiere unas elecciones limpias. Foto Juan Carlos Sierra - Semana.

Campañas
El fraude se huele en el Magdalena

En Magdalena, es generalizada la desconfianza en el proceso que se dará el próximo domingo. Aunque los paramilitares parecen no estar presentes en estos comicios de manera directa, el temor hoy es porque la trampa sea el principal votante el próximo domingo. Tadeo Martínez y Dora Montero realizaron un recorrido por algunos municipios del departamento donde las últimas elecciones fueron decididas por las armas y el fraude. (Fotografía Juan Carlos Sierra- Semana)

Las elecciones del 28 de octubre próximo tienen un tinte peculiar en Magdalena, pues hoy es el departamento con el mayor número de dirigentes políticos tras las rejas por cuenta del caso de la parapolítica. Senadores, representantes, gobernadores, alcaldes y concejales están intentando explicar a las autoridades el porqué sus elecciones entre el 2000 y el 2006 se dieron en complicidad con los grupos paramilitares.

En Magdalena operaban tres grupos de autodefensas: El frente Jhon Jairo Pupo, alias el Papa o Jorge 40; el frente Tayrona, conocido como Los Chamizos, en Cesar y Guajira y el grupo de Chepe Barrera. Los tres hicieron parte de la desmovilización, pero sólo los dos primeros tenían el control de la producción y el tráfico de cocaína a través del Atlántico, todo alrededor de la Sierra Nevada. Incluso, antes del inicio del proceso de paz, entre los dos líderes máximos Hernán Giraldo y Jorge 40 se había dado una sangrienta guerra por el manejo de la droga.

De acuerdo con un análisis de la Vicepresidencia de la República sobre los derechos humanos en el Magdalena, entre el 2000 y el 2002, las acciones armadas se duplicaron, especialmente en los municipios de Ciénaga, Zona Bananera, Fundación, Santa Marta y Aracataca, en su orden. Esa zona era estratégica para la intención de las autodefensas que pretendían el control entre la serranía del Perijá, la Sierra Nevada y la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Pero no sólo se quedaron con el control de la droga y los ataques a la guerrilla. Decidieron involucrarse en política, como ocurrió en el resto del país y lograron así permear la clase política de todo el departamento. Una de las primeras alertas la dio el representante del Partido Liberal a la Cámara por el Magdalena, José Joaquín Vives, quien dijo antes de las elecciones de 2006, que “...las credenciales que hoy tienen algunos congresistas están montadas sobre sangre de ciudadanos inocentes... todavía en el Magdalena no existen circunstancias para que las próximas elecciones puedan ser libres. En el departamento, hay que decirlo claro y sin tapujos, la democracia ha sido secuestrada y se mantiene secuestrada a través de una sociedad que se ha consolidado entre algunos grupos políticos y las autodefensas, alianzas que no le ha hecho ningún bien, ni a los unos, ni a los otros, ni al Magdalena”.

En Magdalena funcionaron los distritos electorales, donde se seleccionaba un grupo de municipios para que quedara el control total en manos de las autodefensas. La primera alerta fueron las candidaturas únicas, pero también hubo denuncias por presiones y amenazas a los candidatos opositores y pruebas de graves fraudes en las jornadas de elección. En localidades como Minca o la Tagua, en la Sierra Nevada, las votaciones eran “cien de cien” sin que la gente jamás llegara al puesto de votación, y en muchos otros municipios la gente llegaba a votar y se encontraba con que ya lo había hecho. Esto, sumado al llamado “chocorazo” que es cuando continúan las votaciones aún después del cierre de la jornada, creó una apatía en el pueblo del Magdalena en torno al tema electoral.

Hoy las cosas son diferentes. En Santa Marta es claro que los grupos paramilitares no tienen injerencia directa en las elecciones. Lo que dicen los estudiosos de la violencia en la zona es que la franquicia de la droga de la Sierra Nevada se vendió a ‘los Mellizos’ y ellos abiertamente han dicho que no van a meterse en política. Su presencia y la de su grupo de hombres armados ha sido evidente para la comunidad samaria, pues se han registrado un aumento considerable en las muertes selectivas en la ciudad.

Hay grupos emergentes. Se habla de las ‘Aguilas Negras’ y en algunas zonas se ha reiniciado la época de las extorsiones y boleteos. Sin embargo, en el tema político no hay ninguna denuncia y los reportes de las autoridades indican que hay calma en el proceso electoral.

La única que ha dado una señal de alerta es Carlina Sánchez, candidata a la asamblea del Polo Democrático, quien aseguró que alrededor de la Sierra aún hay control paramilitar. No ha recibido ninguna amenaza, pero reitera que hay sitios a donde no puede ir porque se mantienen las presiones y las dificultades.

Sin embargo, no niega que las cosas son muy diferentes a las de hace tres años, cuando no pudo visitar más que algunas zonas. Hoy se queja de no poder llegar a algunas veredas, pero en esa época, la presión no le permitía llegar a una decena de municipios. Incluso, el Polo tiene candidatos a la alcaldía en municipios como Pivijai, donde antes era impensable. “Es emblemático, es un símbolo de libertad”. Este municipio ha sido tradicionalmente es controlado por la familia Caballero, cuya cabeza, el congresista Jorge Luis Caballero, hoy huye de la justicia y es buscado por la Interpol, para que responda dentro del caso de la parapolítica.

El miedo hoy va mucho más allá de los armados. Los delitos electorales generan mucho más temor ahora. “Hay votos de opinión, pero el electorado de la parapolítica se mantiene intacto·, aseguró Sánchez.

Los habitantes de casi todos los municipios del departamento coinciden en afirmar que uno de los problemas es que la elección de los jurados de mesa fue hecha por los registradores de planta de cada municipio y no por los que vinieron como reemplazo para los comicios. Los señalamientos a las registradurías son generalizados, especialmente por la entrega de cédulas que se está dando por esta época.

Esto no quiere decir que la participación falte. Por el contrario, es tal el número de candidatos que incluso en los pueblos más pequeños, donde votan cuatro mil personas hay hasta ocho candidatos diferentes. Y esto sin contar con las listas de concejos que han convertido el proceso preelectoral en una feria de denuncias y ataques personales.

Votebien.com visitó algunas de las poblaciones en que las últimas elecciones fueros decididas por los grupos armados a través del fraude y el amedrentamiento. Aquí están las historias.

Santa Marta: Los dos candidatos con mayores probabilidades, el Chelo Dávila y Juan Pablo Diazgranados, están en un cabeza a cabeza por la alcaldía de la capital del Magdalena.
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Zona Bananera: Dos hermanas, hijas de la misma casa política, y víctimas directas del paramilitarismo que agobió su tierra, hoy están en orillas opuestas tras la alcaldía de su municipio, Zona Bananera, ubicado en el norte del Magdalena.
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Ciénaga: Los candidatos desconfían de la registraduría; la población, escéptica y desmotivada, desconfía de los aspirantes. Amenazas, pasquines y el fantasma del clásico “chocorazo” dominan la atmósfera electoral del segundo municipio del Magdalena.
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Sitionuevo: Diez candidatos aspiran a la alcaldía de este municipio a orillas del Magdalena que vivió entre el 2000 y 2005 años de violencia en los que habrían muerto más de 200 personas.
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Fundación: Los cinco candidatos a la alcaldía temen un tremendo fraude el 28 de octubre. No es gratuito, el llamado “carrusel” ha sido siempre protagonista de las contiendas electorales.
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Retén: El rumor de un grupo armado que intentaría boicotear las elecciones tiene en alerta a las autoridades y los candidatos de este municipio. Todo, resultado de la herencia de violencia que sufrió este municipio desde su fundación.
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Aracataca: La contienda por la Alcaldía ha convertido la campaña en una serie de ataque personales y guerra sucia para desprestigiar al contendor.
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10/26/2007 VOTEBIEN.COM