Quién es quién

Informes

Editorial
Por los que no nos dejaron votar

La absurda concepción de seguridad a la que nos hemos acostumbrado no puede llevarnos a que los nombres de los candidatos asesinados queden sólo en un número

Fueron 21 los candidatos asesinados que aspiraban salir elegidos a una de las corporaciones que se definieron en las elecciones regionales del 28 de octubre. Los violentos no sólo atentaron contra sus vidas. Llenaron de zozobra regiones enteras que, en el mejor de los casos, se acercaran atemorizadas a las urnas.
 
No sabemos si estos candidatos hubieran sido buenos gobernantes. Los violentos no nos dejaron saberlo. Y aunque no se descarta que alguno de ellos haya sido asesinado por razones diferentes al proselitismo político, es claro que para la mayoría de ellos el hecho de creer en un sistema democrático y poner su nombre a consideración para la administración de lo público, les puso sobre sí la lápida.

En cualquier civilización moderna esta cifra sería un escándalo que hubiera sacado a la ciudadanía en masa a las calles, pero en la encallecida conciencia colombiana frente a la violencia, ellos corren el riesgo de quedar sólo como una cifra. Este número de crímenes es una vergüenza para cualquier democracia.
 
La situación además tuvo un tono desconcertante cuando en algún momento de los comicios, el discurso de las autoridades parecía como si se sintieran orgullosas al decir que las cosas estaban mejorando, comparando la cifra de asesinatos contra otros años. Una vida sacrificada de ninguna manera es motivo para sacar pecho.

¿Será que los nombres de estos ciudadanos no pesan por ser de regiones desconocidas para los que viven en las grandes ciudades?. Es posible, pero esto no debe dar pie para perder la dimensión de lo que esto significa para la democracia en estos lugares, y para el país.
 
Imagínese si el asesinado fuera el candidato por el que usted pensaba votar a la alcaldía o al concejo de su ciudad. Si aún así decidió ir a las urnas ¿con qué tranquilidad lo hizo?. Y si usted fuera otro político de este lugar, ¿con que bríos habría seguido su campaña?.
 
Widis Núñez Carpio, Javier Ángel Jaramillo, Hernán Mopán, Ramiro Rodríguez, Javier Andrade, Manuel José García, Robinsón Salazar, Alfredo Moreno, Jairo Casanova, Alberto Martínez, Julio Cesar Morantes, Gustavo de Jesús Arcila, Jesús Albeiro Montoya, Hildardo Antonio Toro Salazar, Javier Atehortúa Cano, Medardo de Jesús Vásquez, Fredy Borrero, Benjamín García, Adolfo León Álvarez Rodríguez, Gratiniano Murcia y Liliana Polania son los veintiún políticos asesinados. Nombres que probablemente no dicen mucho a la mayoría de los colombianos pero que eran líderes en sus comunidades a las que seguro sí les decían mucho.

Quizás la lista debía ser más grande. Estos son sólo los nombres de aquellos que efectivamente alcanzaron a inscribirse para esta contienda electoral, pero muchos no alcanzaron a hacerlo. Según los registros de la Misión de Observación Electoral -MOE- en total hubo 162 hechos de violencia política de los que 61 fueron contra precandidatos. De estos hubo por lo menos ocho personas más que ya habían dicho que se inscribirían pero que no llegaron con vida a la fecha en que se podía hacer.
Entre estos hechos aparecen secuestros, atentados, amenazas, homicidios de líderes de campañas que no eran candidatos, entre otras agresiones.
 
Con un panorama así vale la pena preguntarse si efectivamente fueron menos violentas estas elecciones. Lo sucedido debe borrar de los encargados de mantener el orden público cualquier halo de satisfacción con el deber cumplido.
 
Ya no hay nada que hacer para reponer estas vidas. ¿Cuántos de ellos que tenían aspiraciones locales hubieran podido ser importantes dirigentes nacionales como han logrado serlo muchos?. No sabemos. Los violentos no nos dejaron saberlo. ¿En qué medida estos hechos afectaron los resultados?, ¿qué intereses representaban?, ¿qué tanto lograron lo que buscaban?.

 
Con el accionar de los nuevos gobernantes en estos lugares se podrá seguro dilucidar parte de estas respuestas, pero más allá de esto será la veeduría y acompañamiento que tengan estas regiones para obtener buenos gobiernos lo que con el tiempo se convertirá en el mejor tributo que se les puede dar a los políticos por los que no pudimos votar.

 
VOTEBIEN.COM/2007