
En Uraba la campaña esta por todas partes. La riqueza de la región y la aparente calma que experimenta disparó el número de candidatos.
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Todos quieren con Urabá
Sesenta candidatos se disputan las alcaldías de esta región en Antioquia.¿Cómo explicar esta desbandada?
Al Urabá antioqueño se le vino una avalancha de candidatos. En los 11 municipios que lo conforman hay 60 políticos que aspiran a ser alcaldes. Todos con el objetivo de gobernar una de las zonas más complejas del país.
La guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico han hecho de este territorio casi un cementerio. A lo largo de los últimos 30 años han asesinaron a cientos y masacraron barrios enteros.
¿Cómo se explica, entonces, que tantas personas aspiren a gobernar una zona tan caótica? ¿A qué se debe que en municipios como Necoclí, con 48.000 habitantes, haya ocho candidatos? No hay que cavilar demasiado para percatarse de que el interés está puesto en la riqueza de la región. Urabá, con 11.664 kilómetros cuadrados de extensión, es una zona rica. Posee minas de oro, plata y carbón; hay siete grandes bananeras. Cuatro colombianas: Unibán, Banacol, Sunisa y Bagatela. Y tres estadounidenses: Proban (Dole), Conserva (Del Monte) y Banadex (Chiquita). Y está rodeada por los dos océanos.
Esta última característica la convierte en un diamante atractivo para el contrabando y el tráfico de armas y de drogas, su gran flagelo. Los grandes decomisos de pasta blanca son usuales en Turbo o en las carreteras que conectan los municipios. Y no es un secreto la relación que ha existido en esta región entre administradores públicos y narcotráfico o entre políticos y paramilitares.
Algunos analistas y los propios políticos manifiestan que la avalancha de candidatos se debe, en parte, a que los matones están presos: “El sólo hecho de que la izquierda tenga un candidato en este pueblo ya es mucho cuento”, dice William Jaramillo, candidato por el Polo Democrático en Apartadó. En este municipio, por ejemplo, hay 200 candidatos para el Concejo y sólo saldrán elegidos 17. Los afiches y las pancartas con publicidad política inundan las paredes del comercio y de las casas. En una sola cuadra –y casi en locales seguidos– hay cuatro y hasta cinco sedes de campañas políticas. Todas compiten por regalar en los barrios pobres el marrano más gordo o por armar las fiestas con más bulla.
La pobreza en Arboletes es del 92 por ciento. Y por esto, es una carnada fácil para los candidatos tramposos, cualquier campaña con recursos convence hasta al más incrédulo. Cuentan sus habitantes que el día del lanzamiento de la campaña de Diana Garrido, candidata a la Alcaldía por el partido Colombia Democrática, quien hasta hace algunos meses fue secretaria de Salud de la administración, paralizó todo el transporte y armó fiesta para todo el pueblo. No hay que ser un brujo para adivinar quién está liderando las encuestas.
En Necoclí, al norte de Urabá, las cosas no son muy diferentes. Este municipio costero fue el epicentro del Bloque Élmer Cárdenas de las AUC, comandado por Freddy Rendón, alias el ‘Alemán’. Hoy hay ocho candidatos para 48.000 habitantes. A muchos ni los reconocen en el pueblo. “Esto lo han tomado como una bolsa de empleo”, dice una de las asesoras de Yuvis Moreno, candidata a la Alcaldía por el partido de La U, al referirse a los 91 candidatos al Concejo del municipio. Y se oyen historias que dan cuenta de intentos de intimidación. En una vereda llamada El Lechugal, cuenta Moreno, “un hombre de plata que maneja todo por allá no me permitía ir” pero la comunidad abogó para que todos los candidatos pudieran echar su discurso. El “hombre de plata”, al final, accedió.
Y esta historia se repite en los 11 municipios del Urabá antioqueño. Parece casi calcado uno de otro. Una avalancha de candidatos para pocos puestos. ¿Qué es lo que buscan? Ya la historia ha dado una respuesta. Sólo resta esperar a que las sempiternas promesas por fin se cumplan una vez el pueblo escoja sus alcaldes y sus concejales.
10/19/2007 VOTEBIEN.COM